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"El olvido que seremos", Goya a la mejor película iberoamericana

La versión cinematográfica de #FernandoTrueba de "El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince, ha ganado el #PremioGoya a la mejor película iberoamericana. Os ponemos aquí la reseña que hizo del libro nuestra socia y amiga María del Monte Vallés, ella misma escritora.

 

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince. (Alfaguara, 2017; Seix Barral, 2007)
De nuevo una recomendación acertada de mi querida librera, buscaba biografías o crónicas porque algo me rondaba en la cabeza. ¿No has leído a Faciolince?, me preguntó. No, pero este es el momento, respondí sin vacilar.
El libro desgrana la vida y la muerte de Héctor Abad Gómez, colombiano, médico higienista, columnista, melómano, lector voraz y caprichoso, defensor de los derechos humanos, valedor del sistema de salud pública y víctima de la violencia de Medellín en verano de 1987, desde la perspectiva del niño y muchacho que fue su hijo y que ahora se transforma en escritor y perpetuador de la memoria de su padre. He olvidado otro calificativo que el autor de este libro no me perdonaría: el doctor Abad era, por encima de todo, padre de familia.
Faciolince nos retrata una familia numerosa burguesa colombiana, básicamente femenina, pues los únicos varones son él y su padre. De ahí el amor y la veneración que le profesa, puede ser, pero también porque Abad, el doctor, es un hombre entregado a la lucha contra las injusticias sociales que provocan la incultura, la enfermedad, la muerte y el olvido. Desde su profesión de médico se enfrenta a los poderes fácticos, pero también desde las tribunas, los mítines y sus artículos periodísticos. Es admirable el tesón del doctor, no se concede un descanso en su lucha a pesar de la amenaza que se va cerniendo sobre él y de la que todos le alertan, pero siempre tiene tiempo para sus hijos, vive por y para su familia, y ese amor y dedicación imprimen en sus hijos -lo comprobamos en Faciolince-, un recuerdo que, pese al título de la historia, no será fácil olvidar.
Las páginas narran la historia de la familia, anécdotas, de juegos de niños, sucesos del barrio, de vacaciones, de colegio, las incursiones que el padre les obligaba a emprender, enfrentándolos a la vida, la real, la que se encontraba tan solo unas manzanas de la suya, y también, a la muerte. Es una historia desgarradora, la acometemos conociendo su trágico final, pero ello no nos impide disfrutar de cada capítulo,
Cada párrafo destila amor y admiración a raudales, Yo quería a mi papá con un amor que nunca volví a sentir hasta que nacieron mis hijos, nos asegura el autor nada más empezar, sin embargo, no estamos ante un relato almibarado y melifluo, la prosa es limpia, precisa, sus comparaciones directas nos llegan muy dentro, y terminamos por enamorarnos de ese hombre íntegro, poderoso, incansable, a veces bastante ingenuo, que es el doctor Abad.
He disfrutado esta lectura, dura y tierna a la vez, he reído con los sucesos amables y me he horrorizado contra la violencia de aquellos años; he admirado al hombre y al padre que fue el doctor Abad, y también a su hijo, por el tesón con el que persevera en mantener la memoria de su padre.