JOSÉ TOMÁS. DE NÎMES AL CIELO / DE NÎMES AU CIEL

JOSÉ TOMÁS
Ficha técnica
Editorial:
EDICIONES BELLATERRA, S.A.
Año de edición:
Materia
Folklore
ISBN:
978-84-7290-625-9
Páginas:
120
Disponibilidad:
Disponible en 1 semana
Colección:
MULETAZOS

40,00 €

Cuando la felicidad termina, a veces la transparencia del recuerdo nos ilumina, nos comunica incluso cierta ligereza, pero nos hace al mismo tiempo más cargante la realidad, sobre todo si ésta sigue siendo una tarde de toros. Esto nos ha sucedido a todos los que estuvimos en la mañana de José Tomás en Nîmes, y que tuvimos que acudir a la siguiente corrida de la tarde, interesante desde luego, pero terrestre.


Los catorce mil espectadores que tuvieron la dicha de presenciar aquella corrida no solamente histórica, sino milagrosa por su perfume de eternidad, donde no hubo el menor tropiezo, la más mínima sensación de vacío, donde tampoco sobró nada, quedan convencidos de haber recibido, por premio de su afición y de los múltiples esfuerzos por estar allí, el más preciado de todos los regalos. La sensación de plenitud es unánime, pero cada uno exhibe su particular prisma de admiraciones y recuerdos. Yo, por mi parte, me quedo con ese soberbio arte minimalista de José Tomás, con los engaños desplegados y movidos no más de lo justo y necesario para abarcar y retener la embestida del toro; me quedo con la pureza y suavidad de cada uno de sus gestos.


Celebro sus pases de capote a una mano, como si fuera la muleta, y sus naturales con la derecha, cuando prescindió de la espada para ayudar. Me impacta ese ritmo perfecto con el cual abrió y cerró cada una de las series y se alejó del toro para dejarle, y también a nosotros, respirar.


Durante toda su actuación se impuso la belleza y la felicidad. El "¡ay!" de la emoción que nos arrancó en algunos momentos nunca fue a propósito. Era únicamente la constatación forzosa de los milímetros que separaban su cuerpo de los pitones en aquellas gaoneras y manoletinas solemnes, y en aquellas estocadas donde dejaba al toro una puerta de salida más que estrecha. Nunca golpeó el suelo con el pie para animar a su oponente, y tampoco le gritó. En el denso silencio del coliseo a veces tan sólo se podía oír sus cuchicheos amorosos para tranquilizar al toro más que para excitarle. La música, presta a sonar al principio, se hizo discreta y se escurrió al final, respetando la música callada de ese toreo.


El público, que no se creía lo que estaba viendo, reaccionó con unanimidad, todos de pie al final de cada fase -como cuando acogieron al torero desfilando en solitario-, saludando con un olé chispeante cada suerte lograda, pero al mismo tiempo unos y otros descargaban su emoción con un sinfín de piropos y gritos donde no faltó el humor. Se alabó a la madre del torero, Colombia y México hicieron notar su presencia, Barcelona y catalanes reivindicaron su afición, se proclamó que "José Tomás es la verdad del toreo", y alguien preguntó en alto: "José, ¡¿Cómo te podemos pagar?!" - "¡Callándote!", contestó un vecino.


Algunos cuestionan el indulto concedido al toro de Parladé, que saltó al callejón de salida, y luego fue de una nobleza y embestida incansables, permitiendo al torero una bella prórroga de faena antes de despedirle a la puerta de los corrales con un último e interminable pase de pecho. Creo sinceramente que este feliz desenlace estaba en la lógica de lo acontecido en aquella celeste mañana. Las virtudes del torero merecieron el perdón para el toro. Y a mí me parece que José Tomás nos despidió también a todos, para seguir en la vida recordando para siempre aquella mañana, con este suave y amistoso remate.