Y LOS HIPOPÓTAMOS SE COCIERON EN SUS TANQUES

Y LOS HIPOPÓTAMOS SE COCIERON EN SUS TANQUES
Ficha técnica
Editorial:
EDITORIAL ANAGRAMA, S.A.
Año de edición:
Materia
Narrativa
ISBN:
978-84-339-7677-2
Páginas:
192
Disponibilidad:
Disponible en 10 días
Colección:
Compactos Anagrama

8,90 €

Will Dennison y Mike Ryko son los cronistas de las idas y venidas de un grupo de amigos en unos pocos días de agosto de 1944. En un tono neutro relatan lo que hacen hora a hora, a quiénes ven, con quiénes deambulan o se acuestan, cómo consiguen dinero, y cómo lo comparten, o lo gorronean. Casi nadie tiene trabajo, y todos son jóvenes, con proyectos literarios o artísticos, a los que aluden casi de soslayo. Y aún no hablan de ellos mismos como escritores, aunque las dos figuras clave del relato, Phillip Tourian, un guapísimo jovencito, y Ramsay Allen, el sureño que lo ama y lo sigue como «un perro apaleado», ponen «Rimbaud» y «Verlaine» cuando firman una petición para el congreso de un grupo de izquierdas. Pero en esta extraña novela casi sin ficción, lacónica y helada y con la fascinación y la dureza de una crónica negra, nadie es quien dice ser. Porque Will Dennison es el nombre que se da a sí mismo William Burroughs en la novela, y Mike Ryko el que adoptó Jack Kerouac. Ramsay Allen era un antiguo compañero de estudios de Burroughs llamado David Kammerer, y estaba obsesionado desde hacía ocho años por Phillip, que en la vida real era Lucien Carr, quien la noche del 14 de agosto de 1944 apuñaló a Kammerer, arrojó su cadáver al río Hudson y se dirigió después, manchado de sangre, a ver a Burroughs y a Kerouac para contarles lo que había hecho, y los hizo cómplices del asesinato. Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques es la novela que ambos escribieron a cuatro manos, meses después, sobre los acontecimientos de aquel verano iniciático, que de alguna manera definió sus vidas y su literatura. «Puro fuego» (El Mundo). «Se interpreta hoy como el germen de la escritura beat» (J. M. Marco, Público). «Una novela fresca, descarada y vital que retrata de forma certera la efervescencia de aquel legendario Village» (L. Pousa, La Voz de Galicia).